Nací en Cancún hace más de treinta y cinco años, y hace poco más de diez comencé mi camino como inversionista en la Riviera Maya.
Durante mucho tiempo busqué en qué podía invertir. Cuando preguntaba a colegas inversionistas, la respuesta era casi siempre la misma: para invertir en un negocio se necesitaba mucho dinero.
Nunca me convencieron esas palabras.
Un día, un muy buen colega y exjefe me habló de las primeras casitas que comenzaban a construirse en Tulum por $25,000 USD. No podía creerlo. Supe que era el momento de invertir.
Y así comenzó mi viaje por el mundo inmobiliario.
Después de esa primera inversión llegaron mis primeras rentas. Contraté a alguien para administrarla y a otras personas para renovarla mientras yo estaba a distancia. Fue un proceso cansado y lleno de aprendizajes, pero lo logré.
Renové aquella primera casita y obtuve un buen retorno que me permitió invertir en mi siguiente propiedad.
Con cada inversión fui aprendiendo algo nuevo: analizar mercados, entender las dinámicas de las preventas, hacer contratos de renta, conocer el valor por metro cuadrado, evaluar una ubicación, entender escrituras, permisos y muchas otras cosas, algunas más interesantes que otras.
Pero, sobre todo, aprendí lo que significa confiar en alguien para cuidar una propiedad cuando tú no estás ahí.
Con el tiempo, mi experiencia invirtiendo y mi conocimiento de la tierra donde nací me hicieron darme cuenta de que podía ofrecer algo más: un servicio basado en la confianza, la atención personalizada y el conocimiento real del mercado.
Así nació Alma da Terra.